Cuando la propaganda desaparece, ¿qué queda de un candidato?
Durante los procesos electorales, las ciudades pueden transformarse.
Rostros en postes.
Lonas en bardas.
Carteles en calles.
Volantes.
Espectaculares.
Una presencia constante que intenta ocupar el mayor espacio visual posible.
Pero existe una pregunta que pocas veces se formula:
¿Qué sucede cuando todo eso desaparece?
En México, el problema de la propaganda electoral que permanece en la vía pública después de los procesos electorales no es nuevo. En septiembre de 2026, el Congreso de la Ciudad de México informó que se habían retirado 130 toneladas de propaganda electoral, mientras aún permanecía material en distintos puntos de la capital.
El IECM también reportó que durante el proceso electoral local 2023-2024 se retiraron 211.7 toneladas de material utilizado por candidaturas.
El dato permite observar algo más que un problema de limpieza urbana.
Plantea una pregunta estratégica:
¿Cuánto de esa exposición realmente permanece?
Más presencia no necesariamente significa más posicionamiento
Existe una diferencia fundamental entre ocupar espacio y ocupar un lugar en la memoria.
Un cartel puede ocupar un poste.
Una lona puede ocupar una fachada.
Un espectacular puede dominar una avenida.
Pero ninguno de ellos garantiza por sí mismo una asociación clara y duradera con la persona que aparece en ellos.
La exposición es visible.
El posicionamiento es otra cosa.
El problema de competir por atención
Cuando todos los candidatos utilizan códigos visuales similares, frases similares y formatos similares, la saturación aumenta.
La ciudadanía deja de observar piezas individuales y comienza a percibir un paisaje completo de propaganda.
Es una consecuencia natural de la sobreexposición.
La pregunta entonces deja de ser:
¿Cómo conseguimos aparecer más veces?
Y empieza a ser:
¿Qué hacemos para ser reconocibles cuando ya no estamos frente a las personas?
La ciudad no es el único lugar donde se construye percepción
Durante mucho tiempo, la propaganda física fue una de las principales herramientas para generar presencia.
Hoy la construcción de una identidad pública ocurre en muchos espacios simultáneamente:
- medios de comunicación;
- redes sociales;
- buscadores;
- entrevistas;
- fotografías;
- discursos;
- participación pública;
- contenidos propios;
- trayectoria;
- comportamiento cotidiano.
Cada uno aporta señales diferentes.
El verdadero desafío consiste en que esas señales no sean contradictorias.
El posicionamiento comienza mucho antes de una campaña
Una candidatura no debería comenzar a construir su identidad el día en que comienza una campaña.
Para entonces ya existe una historia.
Ya existen asociaciones.
Ya existe una reputación.
Ya existe una percepción previa.
Por eso el trabajo estratégico más importante puede ocurrir antes de que la campaña comience.
No necesariamente para producir más propaganda.
Sino para comprender qué identidad pública existe, qué elementos la fortalecen y cuáles generan ruido.
¿Qué debería permanecer?
Esta es, quizá, la pregunta más importante.
Cuando se retiran los carteles.
Cuando desaparecen las lonas.
Cuando terminan los espectaculares.
Cuando termina la campaña.
Cuando la conversación política cambia de tema.
¿Qué permanece asociado al nombre de una persona?
Ese espacio, el que no ocupa una lona, un poste o un espectacular es precisamente el territorio más interesante del posicionamiento estratégico.
Porque una identidad sólida no necesita estar permanentemente pegada a una pared para ser reconocible.
El futuro del posicionamiento no tiene que llenar las calles
El debate sobre propaganda electoral también abre una oportunidad.
Una oportunidad para pensar en campañas menos dependientes de la saturación visual y más enfocadas en:
identidad.
coherencia.
trayectoria.
presencia.
reputación.
relación con la ciudadanía.
Y, sobre todo, en aquello que puede permanecer después de que termina la campaña.
La propaganda ocupa espacio.
El posicionamiento ocupa significado.
Sobre la autora
Erika Sandoval Magallón es Directora de Marketing Digital de Geo Business Group y creadora de PSP® (Posicionamiento Subconsciente Personal®), además de desarrolladora del Modelo Arjé®, un marco conceptual orientado al estudio y la construcción estratégica de la percepción pública y el liderazgo subconsciente.
Su trabajo se centra en la investigación, documentación y desarrollo de modelos de posicionamiento subconsciente, aplicados al liderazgo institucional, empresarial y político, integrando estrategias de EEAT, GEO, autoridad temática y comunicación estratégica.
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